Mucho se han comentado las preferencias religiosas de Andrés Manuel López Obrador. Son varias las ocasiones en las que el mandatario se reconoce como cristiano “en la expresión amplia de lo que significa el cristianismo”, y aunque todo ha sido de manera muy discreta, no le ha impedido, bajita la mano, hacer uso de símbolos religiosos venerados por muchos mexicanos a su conveniencia.

 

“Soy un seguidor de la vida y de la obra de Jesucristo. Porque Jesucristo luchó en su tiempo por los pobres, por los humildes, por eso lo persiguieron los poderosos de su época. Lo espiaban y lo crucificaron por defender la justicia. Soy en ese sentido un creyente, tengo mucho amor, lo digo de manera sincera, por el pueblo…”

-El presidente de tu México laico.


El problema no es si es el presidente es un fiel creyente de Chuchito, Mahoma, o Jehovah, sino que el papel de quien dirige un Estado laico debería siempre ser neutral en cuanto a sus preferencias religiosas, sobre todo, para no permitir que ésta tenga beneficios a costa del Estado.

 


Para que no te digan, para que no te cuenten, aquí te traemos la guía básica para saber si tu Estado laico te está viendo la cara y es más mocho que el Papa.
 

1. La base de un Estado laico es no involucrar ninguna religión con el estado y respetar la libertad inherente de los ciudadanos de creer en lo que les plazca, mientras sus creencias no afecten los derechos o la seguridad de otros. Algo así como lo que decía el tío Beni: “el respeto al derecho ajeno es la paz”.

 

2.Hablando del tío Beni —y por si te valieron madre tus clases de historia—, te recordamos que es gracias a él que se logró la separación del Estado y la Iglesia en México. Siendo este uno de sus grandes compromisos como político consiguió, por ejemplo, promulgar la Ley Juárez, con la que limitó el poder del clero en los asuntos civiles.

 

3. El estado no tiene derecho a calificar las creencias de la gente como buenas o malas, ni tampoco obligar a que se elija una sobre otra.

 

4. Y si bien el presidente está en todo su derecho a profesar la religión que mejor le venga, ésta no deberá determinar la creencia de un país entero. El problema, en todo caso, se presenta si el mandatario hace referencia o declara a favor de una religión en particular como parte de sus decisiones políticas. Cof, cof, ¿les suena familiar?

 

5. El estado laico significa no solo que se garantiza la libre creencia religiosa, sino que el gobierno no dará apoyos económicos a la iglesia o grupos religiosos; el mismo principio se aplica a sindicatos, empresarios y otros sectores económicos, al considerarse grupos de presión que podrían violentar las libertades individuales.

 

Dicho esto, no te dejes engañar la próxima vez que AMLO se aviente una de sus puntadas evangélicas. No hay excusa, el Estado debe dejar de estar de metiche en temas religiosos y respetar que decidamos a qué santo le rezamos.

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