Por Marcela Palafox

Una cabeza de cerdo montada sobre el estandarte representa la imagen que las morras tenemos de la policía de la CDMX en estos momentos.

Nos reunimos para marchar porque una chica de 17 años fue violada por cuatro policías cuyo trabajo era precisamente, cuidarla, cuidarnos a todas.

A pesar de ser denunciados ahora son libres porque Ernestina Godoy dice que no hay una imputación directa, por lo que no hay razón para que estos policías sean separados de su cargo ni estén en prisión. 

Pero cuando tocan a una, nos tocan a todas.

Cabeza de marrano #ExigirJusticiaNoEsProvocación

Cabeza de cerdo como símbolo de la protesta. Foto: Marcela Palafox

Al grito de “Verga violadora, a la licuadora” la multitud se plantó frente a la Secretaría de Seguridad Pública de la Ciudad de México.

El contingente comenzaba a marchar, cuando el Secretario de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México, Jesús Orta Martínez salió a decir que los oficiales no están suspendidos, que no tienen funciones normales de policía preventiva, pero tampoco están imputados, que se seguirá investigando.

Entonces le llovió caca de unicornio, bueno glitter rosa, porque si les permiten a los servidores públicos la violación de una mujer y todo el posterior maltrato y revictimización, ¿cómo van a reclamar que le avienten un montón de inofensivo glitter rosa que le recuerde todo el día que hay una chica abusada a la que no se le hizo justicia?

Cabeza de marrano #ExigirJusticiaNoEsProvocación

Foto: Marcela Palafox

Así que regresó al edificio, mientras un grupo de policías que lo resguardaban fueron confrontados por mujeres con pancartas.

La invitación a sumarse al contingente se hizo extensiva para las mujeres policías “mañana podrás ser tú o tus hijas, ven compañera”, pero con cara de pocos amigos poquísimos, decidieron que se quedaban cuidando la puerta principal del edificio donde los servidores públicos  “trabajan”.

 

Foto por Angélica Jocelyn Soto.

El contingente marchó, las más radicales hicieron pintas argumentando que las paredes se limpian, pero las mujeres no regresan. Poco a poco se iban sumando más mujeres, la mayoría jóvenes.

Una chica empujó al camarógrafo de un medio porque se metió al contingente. “¡Respeto! Tú vas en la orilla, no es posible que vengas a esta marcha y no respetes”.

Al ritmo de los tambores caminamos cientos de personas para exigir lo que en años no ha ocurrido: Alto al acoso, la violencia hacia las mujeres y los feminicidios.

Más de 300 mujeres han sido asesinadas en México en lo que va del año.

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