“¡Presidente!, ¡presidente!, ¡presidente!”, fue la porra con la que recibieron a Ricardo Anaya en un encuentro con jóvenes militantes de Movimiento Ciudadano.

Los asistentes de entre 15 y 25 años acompañaron al precandidato de la coalición Por México al Frente durante un evento en un hotel de la Ciudad de México en el que no hubo rondas de preguntas y respuestas.

Se trataba de Anaya frente a todos hablando sobre los temas que ya ha tocado en diferentes ocasiones: Meade es un corrupto que representa al peor partido de México, López Obrador tiene ideas “viejitas” sobre el futuro del país.

Sólo Anaya, según Anaya, cuenta con la mejor visión para “transformar” al país, lo cual “demostró” en un par de diapositivas en las que citó, de nueva cuenta, datos de los que ha hablado en otras participaciones: hay más pobres en México, los trabajos son peor pagados, la inseguridad va en aumento; en fin, un resumen de la administración del PRI.

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anaya barrales jovenes

De camisa y pantalón azul y unos pequeños zapatos color café, el ex dirigente del PAN tardó más de 15 minutos en pasar de la puerta principal al templete en donde hablaría, ya que muchos asistentes querían tomarse una selfie con «el próximo presidente de México” (palabras de los asistentes), y Anaya no podía decir que no: las negativas se las guardaba para las preguntas de la prensa.

Primero fue Alejandra Barrales la que tomó la palabra. Ella habló de las cualidades de Anaya, a quien no paraba de señalar como el próximo presidente “más joven de México”; y los asistentes se deshacían en aplausos.

Gracias a la presión de los jóvenes es que este país se ha transformado, decía Barrales mientras a sus espaldas los muchachos asistentes se estaban durmiendo a la media hora de empezado el evento.

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Otros más, supongo inspirados en las palabras de la perredista que ahora buscará la jefatura de gobierno de la Ciudad de México, jugaban en su celular; otros más mensajeaban por WhatsApp y otros, de plano, ni entraron al salón donde se realizaba el evento, un refresco de lata en la sala de espera era más llamativo que las palabras de un político.

Antes de que Anaya subiera al templete a dar su charla, leyeron una ficha sobre la vida del precandidato, como para recordarle a los jóvenes quién les estaba hablando y como por qué estaban ahí.

Anaya, quien nadie supo en dónde había dejado su chaleco azul, tachó a Meade y Obrador, sus principales oponentes según las encuestas: que por corrupto, que por viejo, que porque no son él, y así hasta que, como buen liberal que es, habló de las ventajas de modernizar a México, aplausos, de que su visión de la economía mejorará las condiciones laborales de los mexicanos, más aplausos, de lo que él hará cuando llegue a la presidencia.

Y los aplausos hicieron que guardara silencio.

“¡Viva México, viva México, viva el Frente, hasta la victoria!”, fueron las últimas palabras del panista convertido en perredista en el evento realizado por Movimiento Ciudadano.

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Otra espera de 15 minutos mientras Anaya se tomaba selfies con quien se le cruzara con teléfono en mano y, por fin, llegó la ronda de preguntas y respuestas con los medios de comunicación.

Básicamente fueron 10 minutos en los que el presidenciable respondió las preguntas del periodista Álvaro Delgado, quien publicó un reportaje en la revista Proceso en el que acusa al panista de haber creado una fundación que terminó beneficiando a personajes cercanos a él mediante la compra de un terreno para oficinas del PAN.

“Lo que ahí se escribió otros autores lo han tergiversado, han dicho que hubo uso de recursos públicos, eso es absolutamente falso, han dicho que ese terreno fue expropiado por el gobierno panista, eso es absolutamente falso”, dijo Anaya.

Entre los periodistas levantó la voz Álvaro Delgado, quien le recordó al aspirante presidencial que, según sus propias declaraciones, los señalamientos del reportaje forman parte de una guerra sucia en su contra.

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“¿Quiere decir que yo, que soy el autor del reportaje, me presto a la guerra sucia del PRI?”, preguntó el periodista. “De ninguna manera es una imputación a tu persona”, respondió Anaya, luego desvió la pregunta y terminó culpando al PRI, directamente, de que hayan salido a la luz los documentos que utilizó Delgado en su publicación.

“Oigan, ¿sobre algún otro tema tienen alguna pregunta?”, dijo el panista antes de irse del lugar, ya que los demás reporteros, siguiendo la línea de Delgado, lo interrogaron sobre el mismo asunto. Ante ese escenario, el queretano decidió que era mejor irse.

Los otros jóvenes del encuentro

Los jóvenes que estuvieron frente a Anaya mientras hablaba vestían casi igual que él, chaleco azul, pantalón de vestir y zapatos; las chicas, vestidos de colores oscuros y alguna que otra llevaba un estampado floreado. Todos bien peinaditos y arreglados.

Los otros jóvenes que asistieron al evento, cuya ropa parecía que no había sido comprada ayer (como la de los otros), estuvieron encerrados en un salón contiguo, escuchando al precandidato mediante una pantalla, tirados en el suelo.

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A diferencia de los tradicionales mítines del PRI, donde los asistentes salen con torta y Frutsi, quienes fueron al evento del panista recibieron un ‘croissant’ (cuernito con jamón), un Jumex de manzana, una barra de linaza y una manzana amarilla.

¿Quién se los dio?, preguntó a los asistentes República 32.

“Los meseros nos dijeron que nos iban a dar la comida y pues nos quedamos, ¿no te dieron a ti? Creo que aún van a repartir, porque habrá otra comida en la tarde”, dijo una chica, acompañada de una señora.

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