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La crisis del PRI o la “inminente” debacle electoral de 2018
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Este 2018 el Revolucionario Institucional se enfrenta la posibilidad de perder espacios políticos ganados durante décadas, gracias a la lucha interna por el poder y el estigma de la corrupción 29-abril-2018

El PRI podría perderlo todo en estas elecciones. De ser el partido dominante ahora está a punto de malograr los pocos espacios de poder que le quedan, incluyendo la Presidencia de la República.

Ante este escenario sombrío para el tricolor, su candidato José Antonio Meade, muestra en todo lugar que visita una sonrisa asegurando que ganará la contienda. Ni las encuestas, la mayoría lo ponen en tercer lugar, le quitan a Meade la falsa expectativa de triunfo.

Este año el Revolucionario Institucional cumplió 89 años de existencia, y sólo 12 ha gobernado la oposición panista. Su regreso en 2012 fue histórico, pero también fue una recesión interna por los escándalos de corrupción y violencia que marcaron el “Peñato”.

Aun con esta mala racha, especialistas consultados por República 32 coinciden en que el tricolor no desaparecerá; “tendremos PRI para rato, pero si quiere sobrevivir tendrá que hacer una reestructuración: dejar el centralismo y los escándalos de corrupción”.

La debacle y las peleas por el poder

El PRI tiene poder en sólo 13 estados, pero en estos comicios podría perder tres de ellos. Esta tendencia no es nueva. Y es que en las elecciones intermedias de 2016, el PRI perdió control en siete.

En aquella ocasión dejó Aguascalientes, Durango, Tamaulipas, Quintana Roo, Chihuahua, Nuevo León y Veracruz; estos tres últimos marcados por la corrupción de los ex gobernadores.

El próximo primero de julio, el PRI podría perder Jalisco, Yucatán y Chiapas. Lo que lo llevaría a la peor crisis electoral en su historia.

Enrique Peña Nieto hace 6 años, se llevó 19 entidades en total. Foto: Twitter/@Emilio_Gamboa_

En el Congreso sucede algo similar, ya que sólo tiene el 42 por ciento de las curules en el Senado y en la Cámara de Diputados el 40, a diferencia de 1998 donde en el primero tenía el 98 por ciento de representación.

La marca del PRI se asocia con corrupción y violencia, que como nunca antes están alejando a los votantes. Incluso su candidato, el cinco veces secretario de Estado y quien presenta una imagen alejada de la corrupción, José Antonio Meade es el candidato más odiado en las encuestas.

Esto de acuerdo con especialistas consultados se debe a la desaprobación por el actual gobierno y las disputas internas del partido.

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Históricamente la fuerza del tricolor se sustentó en las organizaciones sindicales, “su estructura estaba basada en sus corporaciones; como el sector obrero, popular y campesino. Sin embargo, las corporaciones ya no son lo que fueron en algún momento”, dice Gustavo López Montiel, doctor en ciencia política por The New School for Social Research de Nueva York.

Los primeros días de abril, Antorcha Campesina, organización priísta conocida por el acarreo en eventos masivos, brincó apoyo al candidato tricolor. Meade se comprometió a combatir la pobreza, pero antes necesitaba “frenar a Andrés Manuel López Obrador.” Les solicitó apoyo. Aquíles Córdoba, líder de los antorchistas por más de cuatro décadas habló sobre los “peligros” del triunfo de la izquierda. Acordaron sostener al priísmo en estas elecciones.

Sin embargo, para el politólogo por la Universidad Nacional Autónoma de México, los cimientos de estas organizaciones ya no representan la fuerza necesaria pasa salvar al PRI.

la peor crisis en la historia del PRI

José Antonio Meade es el candidato más odiado en las encuestas. Foto: Prensa José Antonio Meade

Gustavo López señala que el PRI aún mantiene una base fuerte en los gobiernos locales, que aunque “se ha erosionado lo ha mantenido en el segundo o tercer lugar”. Una constante en las derrotas del PRI, es que Morena ha crecido donde el PRI se ha mermado, comenta el especialista.

La doctora Rosa María Mirón, autora del libro “El PRI y la Transición política” dice que los niveles de votación del tricolor superan lo mínimo, por lo que no perderá el registro, ya que es “el partido que tiene una presencia en el electorado más distribuida que los demás”.

Meade: un PRI más debil

Enrique Peña Nieto resultó ganador en 2012 porque conquistó la mayoría de los estados del norte y centro del país. Hace 6 años, se llevó 19 entidades en total.

Mientras que Andrés Manuel López Obrador resultó ganador en sólo siete estados, principalmente del sur del país, como Guerrero, Oaxaca, Tabasco y Quintana Roo, de acuerdo con datos históricos del Instituto Nacional Electoral. Arrasó con el 38.20 por ciento de la votación casi siete puntos adelante del tabasqueño.

la peor crisis en la historia del PRI

Mapa del Sistema de Consulta de la Estadística de las Elecciones Federales 2014-2015 / INE. Foto: Internet

El triunfo del ex mandatario del Estado de México se debió en gran medida a que era el preferido no sólo para el electorado, sino para los militantes del partido, apoyos que el actual candidato José Antonio Meade no logra consolidar para crecer, dijo la doctora por la UNAM, Rosa María Mirón a República 32.

Con la frase “háganme suyo”, el ex secretario de Hacienda intentó convencer a los priístas para creer en su candidatura, que acumula menos del 20 por ciento de las preferencias.

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Es una mala señal para los priístas que el candidato no se asuma parte del partido, comenta la doctora Mirón. “La oferta que hace Meade es desvincularse del PRI como candidato ciudadano, pero también necesita de una estructura partidista”.

Apunta que a diferencia de las elecciones anteriores, donde el candidato se eligió por conceso por más de un priísta, “en esta ocasión la intervención del ejecutivo le da un sesgo a lo que buscaban los priístas”.

Parte del gabinete del presidente Enrique Peña Nieto. Foto: Twitter/@LVidegaray

Con la llegada de Enrique Peña Nieto a la presidencia, el poder del partido se centralizó, coinciden los especialistas. Los grupos de poder se modificaron, quedó el presidencial con Enrique Peña Nieto y su gabinete, seguido del poder que le dieron al presidente nacional del partido. Esta decisión no fue del gusto de los militantes.

Un primer quiebre interno se generó por las derrotas de 2016. “En 2016, las candidaturas las definieron “los dos hombres fuertes, Videgaray y Osorio Chong. Perdieron y hubo fracción”, apunta la doctora Mirón. Ahora sucede lo mismo con la designación de José Antonio Meade, se espera un quiebre mayor.

Si el PRI se queda huérfano en el Poder Ejecutivo, esto podría resultar en un caos para todo el partido.

“A diferencia de lo que pasó cuando el PRI perdió con Roberto Madrazo (2006), ahora va a quedar una estructura más debilitada, ya que por lo menos él había mantenido espacios de liderazgo”, comenta el doctor Gustavo López.

Los culpables de la debacle serían tres porque “ni Meade, porque no es priísta, ni Enrique Ochoa Reza porque fue impuesto, ni Peña Nieto, porque los priístas lo ven como culpable de la pérdida”, tendrían capacidad para mantener el control.

El presidente nacional del PRI durante un evento en Guanajuato. Foto: Twitter/@EnriqueOchoaR

Lo que le queda al PRI es buscar una buena conformación del Congreso, a miras de que perderán la elección presidencial. En las listas aprobadas por la Comisión Nacional de Procesos Internos, resuenan los candidatos a elección popular Cesar Camacho, presidente nacional del partido entre 2012 y 2015; Silvana Beltrones Sánchez, hija de Manlio Fabio Beltrones y Fernando Moreno Peña, coordinador de campaña de Madrazo en 2006.

La estructura priísta que se mantenga en el Congreso configurará los nuevos grupos de poder en el PRI, dice el especialista Gustavo López.

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“Si se genera una recomposición del partido, estará a cargo de quienes formen parte del Senado. Ahora no hay una capacidad de liderazgo, con la que se pueda lanzar una reconstrucción, eso va a tardar por lo menos tres años”, explica.

Estas elecciones serán difíciles para el PRI. No sólo por el rendimiento de su partido y las confrontaciones internas. “Un incentivo que tenía el PRI para tener más unido a sus dirigentes y militantes era que tenían más capital político, mas puestos que repartir, ahora no hay negociación”, finaliza la doctora Rosa María Mirón.

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